Reencuentro de madre e hija tras 11 meses: «El abrazo fue eterno»

Después de una espera interminable de once meses, la vecina winifredense Eva Nieto pudo reencontrarse con su hija Elizabeth (21) que estaba desde enero en Bahía Blanca donde había quedado varada cuando se declaró el aislamiento obligatorio por la pandemia de coronavirus. El encuentro entre ambas se produjo luego que el gobierno provincial permitiera el ingreso a La Pampa de ciudadanos desde la ciudad bonaerense sin que tengan que realizar la cuarentena. «El abrazo que nos dimos fue eterno», recordó Eva. 

Al respecto comentó que «en enero y febrero mi hija decidió quedarse en Bahía Blanca donde estuvo estudiando para presentarse a unos finales. En marzo, comenzó la pandemia y la cuarentena obligatoria y fue imposible volver a vernos hasta hace una semana. En todos estos meses veníamos comunicándonos por celular o video-llamadas y en esas conversaciones me daba cuenta que estaba decaída. Además, no pudimos festejar nuestros cumpleaños y nos faltaron los abrazos». 

Nueva carrera

Elizabeth, en el segundo cuatrimestre se cambió de carrera. «Ella estaba cursando ingeniería civil y a mitad de año se planteó que iba a ser demasiado larga entonces decidió dejarla y se pasó a una licenciatura en administración de empresas la cual lleva bastante bien», indicó Eva para luego profundizar en los motivos por los que su hija llegó a esta decisión. «Extrañaba mucho, estaba angustiada por no poder vernos, creo que eso fue lo que la hizo cambiar de carrera y elegir una que le demande mucho menos tiempo», amplió. 

Flexibilización y reencuentro

Elizabeth quiso regresar a La Pampa en medio de la crisis sanitaria, pero no pudo. «La única manera era con un taxi o remise que la trajera hasta Santa Rosa, pero le pedían $25 mil, eso fue lo más barato que ella había encontrado. Además tenía que sumar los días de hospedaje en un hotel en la provincia; directamente imposible», remarcó. 

Los meses pasaron hasta que el gobierno pampeano flexibilizó los ingresos e incluyó en el listado a Bahía Blanca, entre otras ciudades bonaerenses. Eva gestionó el permiso por la página web oficial el cual tenía una vigencia de 12 horas. Con su auto particular viajó hacia Bahía Blanca. «El día que pasé por la caminera de Jacinto Arauz me dijeron que habían cambiado las reglas: que podía salir sin permiso y para ingresar sí lo necesitaba», contó. Cuando llegó a destino, su hija la estaba esperando con su novio Maximiliano nativo de Colonia Barón. Ambos tenían sus bolsos preparados. «El abrazo que nos dimos fue eterno, era lógico después de tantos meses sin verla», expresó aún emocionada. «Después lo abracé a Maxi y no lo soltaba más y mi hija me insistía para que lo dejara», expresó entre risas al recordar ese grato momento.

De nuevo en el hogar

Tras las emociones vividas, comieron algo rápido y emprendieron la vuelta. A las 4 de la tarde estaban pasando de nuevo por la caminera y antes de las 20 horas llegaron a Winifreda. Mientras Eva agasajaba a su hija con «un asadito improvisado de pollo y chorizo», Elizabeth «miraba la casa, recorría cada una de las habitaciones, tocaba su cama, actuaba como si nunca la hubiese habitado. Una sensación rara la embargaba porque estaba nuevamente en su hogar». 

Cuidados

Mientras permanecieron en Bahía Blanca, Elizabeth y su novio se enfocaron en el estudio de sus respectivas carreras y se cuidaron muchísimo. «En los once meses que estuvieron allá nunca tuvieron contacto con nadie que hubiera dado positivo ni que fuera contacto de contacto. Estudiaban online, salían prácticamente una vez al mes para hacer compras y se organizaban para ver quién salía», apuntó Eva. «Se cuidaban de esa manera no porque estuviera complicada la situación epidemiológica de la ciudad sino porque estaban rogando que un día se abriera La Pampa y llegado ese momento pudieran venir sin que nada se los impidiera», cosa que finalmente ocurrió para el bienestar de las familias. Eva trasladó a su hija hasta Colonia Barón donde permanece en la casa de su novio, quien también se reencontró con sus padres a quienes no veía desde febrero.    

Operación

Otra situación familiar por estos días intranquiliza y ocupa a Eva Nieto. Su hijo John, de 23 años, debe someterse a una delicada operación de oído fuera de La Pampa. «Padece otoesclerosis, una patología rara que atrofia todo el oído medio, perdió por completo la audición y recién cuando eso ocurre se puede operar», explicó la madre. «Desde mayo tiene una derivación pedida por su médico de Santa Rosa y estamos esperando el turno para que lo puedan operar en un centro privado de Buenos Aires», siguió relatando. Una vez que sea otorgado el turno no sabe cómo hará para trasladar a su hijo. «La obra social solo me reconoce colectivo y los micros de larga distancia no están funcionando», dijo con cierta tristeza. 

Se le consultó sobre si podría llevarlo en su propio vehículo, respondió que el automóvil «no está en condiciones (mecánicas) para viajar hasta Buenos Aires». Ante una consulta puntual afirmó que la intervención quirúrgica es urgente. «Deben reconstituir todo su oído medio y hay un tiempo para operar, después no se puede hacer nada y corre riesgo de perder su nervio auditivo», se explayó. La puso mal saber que en el centro médico hay «una acumulación de turnos» debido a la pandemia. 

Luchadora

Eva es empleada de la Cooperativa Eléctrica. El gerente de la entidad, Hernán Camps, se puso a su entera disposición como así también la intendenta Adriana García y los concejales radicales. Todos se comprometieron, llegado el momento, de buscar la manera para que pueda movilizarse a Buenos Aires con su hijo.

Mientras tanto John se encuentra en General Pico estudiando computación en la Facultad de Ingeniería de la Universidad Nacional de la Pampa. «El necesita mucho las clases personalizadas no solo por su problema de audición sino por su asperger, necesita al profesor que le explique y para preguntarle puntualmente sus dudas. Se le complica la educación virtual», confió.    

Para finalizar se le pidió que haga un balance a modo personal de este año que para muchos fue duro y complejo. «Siempre fui muy unida a mis hijos, son todo para mí», fue su primera reflexión. «Fue un año muy complicado económicamente, imaginate que vivo del sueldo de la cooperativa y de los masajes. Mi profesión se paró muchísimo cuando regía la cuarentena, en ciertos momentos ni siquiera se podía trabajar y no atendía a nadie. Ahora la gente sigue teniendo miedo y es mucho menos el trabajo», indicó. «Sufrí un golpe económico muy grande en esta pandemia», admitió. Sin embargo rescató como positivo que «nos dimos cuenta del valor de la familia, empezamos a valorar mucho más los encuentros familiares».

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