La muerte de Maradó: Estética del Desamparo

Por /DP/

Hubo esas imágenes de un funeral en que el gobierno de la nación puso un barniz politiquero y no supo organizar una oleada de gente que era capaz de ofrendar lo igual o lo superior que a la tumba de un familiar querido. En estos mismos días las provincias retrocedieron al siglo XIX y pusieron aduanas para que no avance la peste y dieron lugar a escenas antihumanas de personas impedidas de pasar hacia el sitio en que un familiar necesitaba del consuelo, del cariño, o simplemente deseaba volver a casa.

El funeral de Maradó puso la cuota grotesca (el grotesco combina las emociones: humor y alegría con llanto y dolor) con la ayuda de grupos feministas que se peleaban en las redes para castigar el machismo a la vez que lo ensalzaban por el malabar de su juego (ni hablar cuando pronto llegue la discusión sobres si fue o no anti abortista)

Los réquiems, consternaciones y llantos egoístas (no por Maradó sino porque nos quedamos sin él), mojarán algunos días más el calendario.

Durante muchos años Maradó resultó un placer necesario ante tantos años de sobrevivir sin esperanzas. Hoy, lagrimear por él es una necesidad de fortalecimiento del alma ante la adversaria peste en cuyo vientre viaja la fantasmal y negra guadaña. Miedo, angustia, encierro, padecimientos de la vida corriente, se disimulan con Maradó y los momentos de goce que otrora nos dio. Las imágenes eternas y sin tiempo del futbolista, propias de la posmodernidad que mezcla los pasados y los presentes sin pudor, atenúan la malaria de la emergencia. Con un simple rectángulo verde y un tipo lleno de gracia con la pelota. –

FOTOS: Santa Rosa, primera ciudad de La Pampa con calle Maradona desde 2005

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