Mauricio Mayer:Raquel Maxenti y su pareja trabajaron 25 años en importante fábrica automotriz de Buenos Aires

Raquel Maxenti nació en Mauricio Mayer donde asistió a la Escuela primaria 103. Luego cursó sus estudios secundarios en el Instituto “José Hernández” de Colonia Barón. A los 18 años emigró a la capital del país donde se recibió de Ingeniera Electrónica en la Universidad de Buenos Aires (UBA). La pampeana trabajó durante 25 años en la empresa Volkswagen Argentina con sede principal en General Pacheco, Buenos Aires.

En esa fábrica se desempeñaba en el Departamento de Planificación y Procesos de Planta Carrocerías. Allí conoció a Jorge Dal Dosso, Técnico Superior en Electrónica y nativo del barrio de Barracas. Primero fueron compañeros de trabajo y con el tiempo formaron pareja. Trabajaron juntos en la organización de los proyectos de los autos y camionetas que se fabricaron desde 1995 hasta 2020 cuando alcanzaron la edad para dar por culminada la etapa laboral activa.

Los mejores
Según contaron, ambos ingresaron a la compañía de capitales alemanes en la década del noventa cuando “estaba reclutando gente con conocimientos en electrónica porque todo el proceso de fabricación automotriz venía de un sistema metal mecánico y se volcó a la robótica. Volkswagen, al encontrarse con un mundo nuevo en la parte industrial empieza a contratar a los mejores trabajadores de empresas que conocían del tema, y deja de lado la tercerización”.
Raquel venía de cumplir tareas en una firma española de instalaciones industriales y Jorge en una americana. Con el tiempo, ambos quedaron integrados a la planta de personal de Volkswagen. “Teníamos criterios diferentes para llegar a lo mismo, entonces nos sentamos y acordamos que ella se ocupara de programación de «PLC» y gestionara los pliegos de adquisición de equipamientos. Yo hacía la programación de robots y planos eléctricos. De esta manera, cada uno tuvo su rol en todas las partes que involucran el proyecto de una celda o línea de producción. Empezamos a trabajar de manera engranada y funcionó”, recordó Jorge. Con el tiempo “cubrimos todo el espectro de la industrialización, participamos de la planificación de todos los modelos de autos y antes de retirarnos dejamos preparada la planta para un nuevo modelo que saldrá al mercado próximamente”, contaron.

Salto de calidad
“Hicimos la línea a nivel nacional de las puertas trasera del Polo, que hasta ese momento se traían importadas de España. En la fábrica las planificamos a un costo mucho menor y de mayor calidad”, agregaron. Trabajaban en sincronización con los departamentos de finanzas, planificación central, gerencia y demás. En 2005 la empresa dio un salto de calidad al incorporar los primeros equipos láser para soldar autos. “Nos fuimos a capacitar a Alemania donde nos perfeccionamos en su uso”, dijeron.
Asimismo, sostuvieron que “hicimos dispositivos que controlan la efectividad de las máquinas para que no haya fallas durante el proceso industrial. Por ejemplo, un robot tenía que soldar cinco pernos, hacíamos la programación y a través de equipos de cámaras-visión se verificaba que eso sucediera”. También trabajaron en el equipamiento de una cabina donde “entraba una unidad, se fotografiaba toda la carrocería y se verificaba que su estructura concordara con el pedido del cliente. Si estaba todo ok iba a pintura y montaje caso contrario retornaba para ser corregida. Esto se desarrolló totalmente en Argentina”.

Intercambio técnico-cultural
Para finalizar, comentaron que haber trabajado en una empresa de nivel internacional “nos permitió conocernos, además de relacionarnos con otras plantas industriales. Valoramos el intercambio técnico y cultural que tuvimos con portugueses, brasileños, españoles, alemanes, estadounidenses, mexicanos, coreanos. A muchos los recibimos después en la fábrica y quedaban asombrados cuando les explicábamos cómo lográbamos el producto final con un presupuesto mucho menor al que ellos manejaban”.

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